lunes, 16 de julio de 2012

CAPÍTULO 7


7
Me sentía fatal. El fin de semana fue horrible, sus palabras me habían destrozado. Perdí el apetito y el sueño, mis padres empezaron a preocuparse ya que tampoco quería hablar con nadie. Deseaba con todas mis fuerzas que llegara el lunes, necesitaba hablar con ella, pedirle una explicación.
Subí los tres escalones del autobús, estaba nervioso. Saludé a Miguel y dirigí mi mirada hacia el asiento normalmente ocupado por Sofía. Me sorprendí. Estaba vacío.
No me lo podía creer. El día que más necesitaba hablar con ella, y no estaba. Además no fallaba casi nunca. Pensé que estaría enferma, así que decidí ir a su casa.
Con la mochila todavía colgada de la espalda, bajé del autobús, que continuó su ruta dejando a la vista la pequeña casa color cobrizo, situada al lado del supermercado. Subí lentamente los escalones del porche, haciendo crujir cada peldaño de madera. Llamé al timbre y esperé impaciente por ver de nuevo a Sofía. Nada, nadie venía a abrirme, no se escuchaba ningún movimiento proveniente del interior de la casa. Volví a llamar. Nada. Empecé a preocuparme, no era muy normal que Sofía no hubiera ido a escuela, y que tampoco estuviera en casa. Esperé unos segundos más. La puerta continuaba sin abrirse así que empecé a andar cabizbajo hacia casa. Cuando solamente había dado tres pasos, me giré hacia el pequeño callejón que debería dar a la parte de atrás de la casa, y instintivamente me adentré en él. Era muy estrecho y a pesar de que todavía era de día allí dentro no se veía nada, la hierba me llegaba a las rodillas. Seguí andando lentamente por el angosto camino hasta que salí al patio de atrás de la casa, como había imaginado. Era un patio ancho con un gran árbol en el centro, y rodeado de setos y arbustos. Aunque la verdad es que tenía un aspecto bastante abandonado. Me acerqué a la puerta blanca, de madera que conducía al interior de la casa. Intenté abrir pero estaba cerrada, normal, pensé, la mía casi siempre estaba cerrada. Me giré hacia la izquierda y observé que había una ventana no muy lejos, mi última oportunidad. Me asomé lentamente al interior. Aún tengo pesadillas con lo que vi. En aquel momento, al ver la escena, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Me quedé helado, petrificado, sin aliento, me faltaba el aire. Lo que vi a través del cristal fue a Sofía tirada en el suelo, inmóvil, con un charco de sangre rodeando su cabeza. Sin pensármelo dos veces, cogí una piedra del suelo y rompí la ventana. Al abalanzarme hacia el interior me corté en el brazo con un trozo de cristal roto que continuaba enganchado al marco de la ventana. Aullé de dolor pero ni siquiera paré a mirarme la herida, lo único que me importaba en aquel momento era Sofía. La llamé varias veces pero seguía sin mostrar señales de vida. Al acercarme pude ver la brecha que tenía en la cabeza, aquello me hizo temer lo peor. Empecé a llorar, estaba temblando, no sabía qué hacer. Instintivamente acerqué mi cabeza a su pecho y… ¡Sí!, lo escuchaba muy débilmente, era el latido de su corazón. Recobré la esperanza, ¡Seguía viva! Rápidamente saqué mi móvil y después de tres intentos conseguí llamar a la ambulancia. Después de explicarles como pude lo ocurrido, y de decirles  la dirección, que por suerte me sabía de memoria desde que Sofía me la había dicho: “Calle Mayor, número 43, al lado del supermercado”, me dijeron:
- “Enseguida estaremos ahí, tranquilo”.
 Me senté al lado de Sofía a esperar y aunque sabía que ella no podía oírme le dije con lágrimas en los ojos:
-"Aguanta Sofía, ya vienen a ayudarte ¿vale?,por favor, aguanta".





martes, 24 de abril de 2012

CAPÍTULO 6


Bueno, antes que nada, me gustaría resaltar que en el examen de matemáticas saqué…¡¡UN 7!! , sí, lo sé, tampoco es que sea una nota buenísima, pero yo estoy orgulloso, y más sabiendo que es la mejor nota que he sacado desde que vengo al instituto. Mi profesor estaba muy sorprendido, tanto que contó los puntos del examen varias veces para asegurarse. Y todo se lo debo a Sofía. Cuando se lo conté se puso muy contenta, ella quiere ser profesora, y seguro que lo será, además una muy buena.
Me enteré por el Tuenti de que el cumpleaños de Sofía era el viernes siguiente. Era la oportunidad perfecta para darle las gracias por su ayuda en el examen y sobre todo para decirle lo que sentía por ella. Tenía que comprarle un regalo así que el lunes fui a una joyería que había cerca y le compré un colgante precioso, tenía forma de corazón y al abrirlo podías poner una foto. Sé lo que estáis pensando y…sí me costó la paga de todo el mes, pero siendo un regalo para Sofía no me importaba. Ahora solo necesitaba un lugar perfecto para darle el regalo y después de pensar un rato por fin di con él.
Quedé con Sofía para ir allí el viernes por la tarde con las bicis. Pero no le dije dónde íbamos, quería que fuera una sorpresa. Aquel lugar era muy especial para mí y esperaba que después de la tarde del viernes también lo fuera para ella.
Llegó el viernes, y a las 6:30 ya estábamos los dos en la puerta de mi casa listos para empezar la excursión. Pedaleamos durante unos veinticinco minutos porque estaba un poco lejos, pero la verdad es que el viaje se hizo ameno ya que íbamos hablando y contándonos chistes todo el tiempo. Llegamos y dejamos las bicis apoyadas en un gran árbol, donde las parejas escribían sus nombres, desee  poder escribir algún día mi nombre junto al de Sofía en aquel árbol. Le pedí a Sofía que cerrara los ojos y la cogí de las manos para guiarla hasta que llegamos cerca del borde del acantilado. La hierba verde se movía con la brisa, el mar azul se extendía por el horizonte mientras el sol empezaba a esconderse por detrás y en el cielo anaranjado no había ni una sola nube. La escena la culminaba la música de fondo que producían las olas al golpear contra las rocas del acantilado
Dejé a Sofía que abriera los ojos
-Oh…Álex, ¡¡Es precioso!!- dijo Sofía si perder detalle de la hermosa vista.
La verdad es que si que lo era. Aquel lugar me lo había enseñado mi hermana Laura cuando éramos pequeños. Creo que ésa fue una de las pocas cosas buenas que mi hermana había hecho por mí. Me encantaba aquel lugar, cada vez que estaba triste o necesitaba pensar iba allí.
Antes de que Sofía dijera algo más, me acerqué y le puse el colgante mientras le decía-Felicidades Sofía…
Se quedó atónita, mirando el colgante y después a mí.
-Gracias…pero no…
-Shhh-la corté dulcemente mientras ponía mi dedo sobre sus delicados labios-Te quiero, Sofía…
Nos quedamos mirándonos. Un segundo, dos, tres…Entonces empezamos a acercarnos lentamente hasta que nuestro labios se fundieron en un beso. No era mi primer beso, pero si fue el más intenso. Perdí la noción del tiempo y del espacio, solo estábamos yo y Sofía. Pero cuando menos lo esperaba Sofía cortó nuestro beso, apartándose lentamente. Me miró fijamente a los ojos y me dijo:
-Álex lo siento, también te quiero pero lo nuestro no puede funcionar, es por tu propio bien
Una lágrima caía por su mejilla. Se dio la vuelta y empezó andar hacia la bici. Quise correr detrás de ella, pedirle una explicación pero no podía moverme, mis piernas no respondían. Sus palabras me habían dejado petrificado. Lo único que pude hacer fue quedarme allí, de pie, observando cómo la persona a la que más amaba de éste mundo se alejaba poco a poco de mí.

miércoles, 29 de febrero de 2012

PREMIO :)

Bueno en primer lugar me gustaría agradecer a Julia el premio que me ha dado en su blog....estoy muuuuuy contento jajja es mi primer premio MUCHAS GRACIAS. También me gustaría informaros que próximamente, seguramente el viernes, subiré una historieta que escribí hace un tiempo estad atentos :) Gracias a todos mis seguidores UN ABRAZOOO

martes, 28 de febrero de 2012

CAPÍTULO 5


5
Entré a casa y subí la escalera sigilosamente, todo estaba en silencio. Me cambié, cogí mi Ipod y me metí en la cama. La imagen del beso vino de nuevo a mi mente y un interrogante empezó a surgir con ella. ¿ Era el momento de decirle a Sofía lo que sentía por ella?. Recuerdo que me dormí mientras se escuchaba de fondo la canción “Solamente tú “ de Pablo Alborán.
En las semanas siguientes todo continuó igual, seguía aburriéndome en el instituto , cateando exámenes y todos los días, después de las clases hablábamos durante el corto trayecto que separaba el autobús de mi casa. Me encantaba pasar ese rato con ella en el que olvidaba temporalmente todos mis problemas, pero para mí no era suficiente, necesitaba pasar más tiempo con Sofía y no sabía cómo hacerlo. Hasta que un día en una de nuestras conversaciones, en la que hablábamos de cómo nos iba en el instituto:
-Pues voy fatal en matématicas, las odio, y creo que el profesor a mí también y para colmo la semana que viene tengo examen de 3 temas…
-Pues a mí me encantan las mates, si quieres te puedo ayudar a estudiar…
No me lo podía creer era mi oportunidad para pasar más tiempo con ella, que al ver que yo no contestaba me dijo:
-Bueno ¿Qué te parece?
-Perfecto, me parece absolutamente perfecto.
Sofía soltó una pequeña carcajada
-¿Quedamos mañana después de las clases? Digamos …¿a las 6?
-Digamos que allí estaré-dije mientras parábamos enfrente de mi casa.
-Bueno pues hasta mañana!!
-Adiós.




Subí los escalones del porche y llamé al timbre. Miré mi reloj, las 17:55. Me gustaba ser puntual. Me arreglé un poco el pelo, enseguida la puerta se abrió:
-Hola
-Hola, adelante pasa
La casa era pequeña pero acogedora, todo estaba muy ordenado y olía como a galletas recién hechas. Me guió a una habitación dónde había muchas estanterías con libros, y una mesa dónde había un ordenador. Supuse que sería donde Sofía estudiaba.
-Siéntate, enseguida vengo.
Hice lo que me dijo. En dos minutos volvió con una bandeja llena de galletas y dos vasos de leche mientras dijo
-¿Has merendado?
-No, pero no hacía falta que te molestaras.
-Tranquilo no es molestia, además tengo hambre- dijo con una sonrisa.
Sofia cogió una galleta, se la llevó a la boca y dijo:
-¿Empezamos?
Repetí su gesto mientras decía :
-Venga
Sofía explicaba muy bien, la entendía mucho mejor que a mi profesor. Por primera vez en mi vida sabía cómo hacer los ejercicios de matemáticas, y todo gracias a ella. Sin darnos cuenta se hicieron las 19:30.
-Ya va siendo hora de que me vaya-dije, aunque no tenía ninguna gana de marcharme.
En ese momento se oyó a alguien entrando a la casa  y una voz grave y potente que dijo:
-Ya estoy en aquí !!!
-Oh no, mi padre, lo había olvidado- dijo Sofía levantándose rápidamente.
Por la puerta apareció un hombre grande y bastante gordo, con cara de pocos amigos.
-No huelo la cena y tengo hambre!!!
-Ho…hola papá, lo siento pero he estado ocupada y no he podido…
- ¿Cómo?-la cogió del brazo- Pues empieza ya a cocinar- y acto seguido la empujó hacia la cocina
-¡Oiga! No la trate así !!-me atreví a decir, después de haber observado la escena
El hombre se giró hacia mí, en ese momento lamenté haber hablado.
-¿¡Y tú quién eres?!
-Tranquilo, ya se i…-intentó decir Sofía.
-¡¡Cállate!!-la cortó su padre- ¿Y bien?- me dijo
- Soy un amigo de Sofía…- me dolió mucho decir aquellas palabras . La miré, estaba triste, cómo el día que la vi en el autobús- … y ya me iba…-dije finalmente
-¡Pues ya tardas!
Al pasar por su lado, un fortísimo olor a alcohol me llegó a las fosas nasales.
-Adiós-dije, sin obtener respuesta alguna.
De camino a casa continuaba en estado de “shock”, todo lo que había ocurrido me había dejado atónito. Aquel hombre estaba maltratando a Sofía, ¡¡A su hija!! No me lo podía creer. “Puede que no sea para tanto, mi madre también me riñe muchas veces” quise pensar para tranquilizarme un poco. Lo que no sabía era que estaba totalmente equivocado.

domingo, 5 de febrero de 2012

CAPÍTULO 4

4
¡Por fin! Por fin había llegado el sábado y eran la siete y cuarto, me cambié y me arreglé (casi me acabé el frasco de colonia). Le dije a mi madre que me marchaba con los amigos y a pesar de que salí rápidamente, al cerrar la puerta aún pude oír la voz de mi madre chillando:
-¡No vuelvas tarde!
Empecé a andar deprisa hacia casa de Sofía, tenía muchas ganas de volver a verla y volver a hablar con ella , ya que el viernes no la había visto porque tuve entrenamiento de fútbol en la escuela.
Su casa era pequeña, de color cobrizo y como ella me había dicho, estaba al lado del supermercado, al otro lado había un pequeño callejón que seguramente daría al patio de atrás. Subí los escalones de madera que daban al porche y llamé al timbre, enseguida me abrió Sofía llevaba una camisa de tirantes rosa y unos vaqueros rasgados, estaba guapísima. Un aroma a perfume embriagador me llegó, me encantaba ese aroma.
-Bueno,¿Nos vamos?
-Claro
Durante el camino hacia el cine empezamos a hablar de nosotros.
El primer turno fue para mí y después de haberle contado todo lo referido a mi familia y a mí  le tocó a ella. Como ya me había dicho se había mudado aquí por el trabajo de su padre, que trabajaba para una agencia de transportes. Él estaba casi todo el día fuera así que era ella la que tenía que hacer las tareas de la casa y las comidas para cuando su padre llegara de trabajar. Esto hizo que empezara a sentir un poco de pena por ella y todavía más cuando metí la pata al preguntarle por su madre, que había muerto hacía un año por un cáncer.
-Lo siento mucho, no quería…
-Tranquilo no pasa nada…-me dijo con una sonrisa en la boca.
Cada vez me gustaba más esa chica.
Enseguida llegamos al cine, dónde estaban esperándonos todos mis amigos, era momento para las presentaciones.
Una a una fui presentando primero a las chicas, al llegar al turno de Belén estaba un poco nervioso por cómo reaccionaría, pero ésta dijo “Encantada” y le dio dos besos como habían hecho las demás. Luego lo mismo con los chicos pero cuando le dio dos besos a Jorge este le miraba con mucha atención y luego se acercó a mí y me dijo en voz baja
-Oye tío que buena está!!!
No le dije nada, pero creo que con la mirada que le dirigí tuvo suficiente. Entramos al cine, cada uno iba con su pareja , así que me alegré de haber venido con Sofía, sino me hubiera sentido un poco solo y apartado.
La película no estuvo mal, aunque la verdad no preste mucha atención. Estaba más pendiente de Sofía y de cada uno de sus movimientos. Nos habíamos sentado juntos, y yo había comprado palomitas para los dos. En uno de los viajes que hizo mi mano hacia los aperitivos de maíz, mi mano rozó la suya. Instintivamente los dos nos giramos mirándonos fijamente a los ojos. Fueron sólo unos segundos pero para mí fueron eternos, me hubiera quedado allí el resto de mi vida si hubiera podido. Pero todo lo bueno también debe acabar, un fuerte estruendo en la película nos devolvió a la realidad.
Al salir del cine fuimos todos a cenar al McDonalds y después de cenar fuimos a dar una vuelta. A las doce y pico vi que Sofía no dejaba de mirar su reloj así que le pregunté si quería que la acompañara a casa. Nos despedimos de todos y empezamos a caminar. Durante el regreso hablamos sobre la película y de que le habían parecido mis amigos, “muy majos” fueron sus palabras, acompañadas de una dulce sonrisa. Al llegar a la puerta de su casa ella me dijo:
-Álex muchas gracias por todo lo que estás haciendo por mi, eres muy amable
- No hay de que, es lo menos que podía hacer.
Nos quedamos un rato mirándonos y de repente ella se acercó, me dio un beso en la mejilla y rápidamente entró en casa. Me quedé atónito, durante un rato estuve pensando en aquel beso que me había dado sin que me lo esperara, ojalá me hubiera dejado devolvérselo, una sonrisa se dibujó en mi cara. Empecé a andar hacia casa, estaba cansado…pero a la vez me sentía el chico más afortunado del mundo.

miércoles, 31 de agosto de 2011

CAPÍTULO 3

Perdón por la tardanza, la verdad es que he estado un poco incomunicado este verano pero por fin, aquí esta el tercer capítulo:


3
Los rayos de  sol se asomaron por mi ventana despertándome, tenía el libro de historia abierto encima de mi pecho
-¡Mierda!- pensé- Me he  vuelto a quedar dormido mientras estudiaba, bueno… otro cero para la colección.
Me vestí, desayuné y me marché al colegio. Mis amigos estaban hablando en un corro, como siempre. Me acerqué:
-Hola!-les dije.
-Hola!- Fueron contestando mientras nos chocábamos la mano.
- Escuchad, he invitado a una amiga mañana al cine.
-Oooooh, nuestro Álex se ha enamorado- dijo Jorge, el más gracioso de todos.
- Solo es una amiga que conocí en el autobús idiota, ¿ Os importa que venga?
- A nosotros no, y menos si está buena!!!
Todos rieron, menos yo.
-Puede que a las chicas no estén de acuerdo, pregúntaselo- Dijo Iván
- Está bien, se lo comentaré en el recreo.
 Sonó el timbre y mientras nos acercábamos a la entrada le pregunté a Jorge:
-Por cierto, ¿qué película vamos a ver?
- Creo que las chicas han elegido una de amor.
-¡Otra sosería amorosa no por favor! Por lo menos espero no dormirme otra vez.
El tiempo hasta la hora del recreo pasaba lentamente. El profesor de historia, que por cierto me caía fatal, me dio el examen, yo puse el nombre y se lo entregué, ya ni se sorprendió de tantas veces que lo había hecho. Pero por fin
Después de cuatro o cinco horas, o eso me pareció a mí, llegó la hora del recreo. Me acerqué al banco donde estaban sentadas las chicas. Antes de seguir me gustaría poneros un poco al día:
Las chicas son, Belén, Raquel, Encar y Alexandra. Raquel había sido mi novia, pero lo habíamos dejado porque no congeniábamos mucho, pero continuábamos siendo buenos amigos,  ahora estaba saliendo con Jorge, estaban hechos el uno para el otro. Encar estaba saliendo con Iván, Alexandra con Ricardo y Belén con Raúl. Sí, ya lo sé yo era el único sin novia, pero no necesitaba en aquel momento, y tampoco había nadie que me gustara especialmente, al menos hasta entonces…
Estaban hablando de sus cosas ( chicos, que ropa te vas a poner el sábado) Cosas de chicas. Interrumpí la conversación:
-¡Hola chicas!
- ¡Hola!-contestaron a la vez.
Raquel me preguntó:
-¿Qué tal?
-¡Bien!, he venido a preguntaros si os importa que mañana venga al cine una amiga que acabo de conocer.
- Deberías habernos consultado antes, no vas tú solo- dijo Belén un poco enfadada, era la más atrevida de todas.
- Lo que Belén quiere decir es que no nos importa que venga-dijo Alexandra intentando calmar la situación.
- Bueno, bueno, Álex se nos ha enamorado- dijo Raquel, con aquellas palabras me había recordado a Jorge, ya os he dicho que están hechos el uno para el otro.
- Ya estáis como los chicos, solo es una amiga…-volví a repetir.
-Sí, sí y ¿Cómo se llama la afortunada?- Dijo Encar con tono irónico.
Todas rieron.
-Se llama Sofía, es nueva en la ciudad y aún no tiene amigas.
- Oooh, que penita me da- dijo Belén también irónicamente.
-Nosotras seremos sus amigas- dijo Alexandra, que era la más abierta de las cuatro.
- Vale, muchas gracias chicas.
-¡No hay de qué!
- Por cierto, mañana ¿ A qué hora hemos quedado en el cine?
- ¡8:15!- contestaron todas a la vez.
-Perfecto, ¡Hasta luego!
-Adiós
Me fui a jugar un rato a jugar al fútbol, mientras las chicas seguían su conversación.

martes, 2 de agosto de 2011

CAPÍTULO 2

2
Mi madre se asustó un poco al verme entrar.
-Pero ¿Es que quieres coger una pulmonía? ¿No sabes utilizar el paraguas?
- Tranquila mamá, no pasa nada- La verdad es que mis palabras no la tranquilizaron mucho. Subí directamente a darme un baño. Me sentó genial, lo necesitaba, después fui a mi habitación y me eché sobre la cama. Entonces me acordé que al día siguiente tenía examen de historia, me levanté rápidamente, fui hacia la bolsa y cogí el libro. No tenía ninguna gana de estudiar, pero había sacado muy mala nota en el otro examen, y en este tenía que recuperar. Abrí el libro por el tema del examen, “La 2ª Guerra Mundial” y me puse a leer. Cuando solo llevaba tres o cuatro líneas, empezó a escucharse una música a tope de volumen, las paredes retumbaban, ya que no era música clásica precisamente.
-¡Laura!-imaginé enseguida, era propio de mi hermana poner la música muy alta. Nunca se paraba a pensar si podía molestar a alguien, y ahora me estaba molestando a mí. Me acerqué a su habitación y llamé a la puerta, tuve que llamar dos veces porque no me había oído. Mi hermana me abrió la puerta con cara de pocos amigos.
-¿Que quieres renacuajo?
-¿Puedes bajar el volumen de la música? Estoy intentando estudiar.
- Pues sigue intentándolo.
-¿Porqué tienes que ser siempre tan borde conmigo?
-Y tú ¿porqué tienes que ser siempre tan petardo?
-Olvídame
-Piérdete- dijo mientras cerraba la puerta dando un portazo, al ratito el volumen de la música volvió a subir.
La voz de mi madre se escuchó desde abajo
-¿Qué pasa ahí arriba?
-Que tu hija es una borde-grité.
-No me hagáis subir.
Entré en mi habitación y cerré la puerta dando otro portazo . No me gustaba admitirlo, por eso de que somos hermanos, pero odiaba a Laura . Nunca demostraba una muestra de aprecio hacia mí . Ella tiene cinco años más que yo, y creo que siente rabia porque al nacer yo, todos se centraban en mí y ella quedó un poco olvidada(o eso es lo que dice ella), aunque yo no creo eso, le consentían hacer todo lo que quería, que si un tatuaje, que si un piercing, que si pongo la música alta . Miré el reloj, las siete y media, me agobié un poco porque todavía no había empezado a estudiar, pero no había quién se concentrara con esa música . Entonces me acordé de Sofía, saqué corriendo el móvil de mi mochila para ver si tenía alguna llamada . Nada . Me eché sobre la cama, saqué del cajón de mi mesita unos tapones, me los puse y empecé a estudiar . Estuve estudiando hasta que mi madre me llamó para cenar, me alegré porque estaba empezando a aburrirme . Cuando llegué a la cocina, toda mi familia estaba ya sentada en la mesa, me senté y sin decir palabra empecé a cenar.
-Bueno- dijo mi madre rompiendo el silencio- No le vais a contar a vuestro padre que habéis estado peleando.
-¿Otra vez? Cuántas veces os he dicho que no está bien pelear entre hermanos.
- Pero es culpa de la niñata maleducada.
-A mí no me insultes mocoso.
-Ya está bien- intentó calmarnos mi padre.
Como no tenía ganas de discutir, me excusé con el examen y subí a mi habitación, aunque no pude librarme de un “Ya hablaremos” de mi padre . Al entrar en mi habitación escuché que el móvil estaba sonando. “Sofía” pensé  y fui corriendo a cogerlo.
-¿Sí?
-¿Álex? Soy Pablo-Mi alegría se desvaneció al oír aquellas palabras.
-Ah… Pablo… ¿qué quieres?
- Solo quería preguntarte si el punto tres va para el examen
- Creo que sí
-Vale , gracias, voy a estudiar que todavía ni me lo he mirado. Hasta mañana.
- Adiós.
Nada más colgar, el teléfono  volvió a sonar.
-¿Sí?
-Hola soy Sofía, ¿está Álex?
- Sí, soy yo.
-Ah… Hola Álex, no te había conocido.
-No pasa nada, dime.
- Mira… he estado pensando y… si que me gustaría ir al cine con vosotros
Me alegré muchísimo al oír aquello
-Perfecto, el sábado a las 7:30 pasaré a por ti ¿Dónde vives?
- En la calle Mayor número 43, al lado del supermercado.
- De acuerdo.
De repente oí  a alguien con una voz grave y potente que le decía a Sofía.
-¿Con quién estás hablando?
- Con nadie papá- y enseguida me dijo en voz bajita- Lo siento, tengo que colgar, adiós.
-Adiós
Me senté en la cama y me quede un rato pensando…enseguida me acordé del examen, cogí el libro y me puse a estudiar.